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Por Nelson Vargas

Tina Turner hizo la pregunta en uno de sus éxitos de los 80’s, “¿Que tiene que ver el amor con eso?” ¿Mi repuesta? Todo.


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Soy el segundo de siete niños, seis hombres y una mujer. Mi hermano mayor y yo nacimos en Bronx, New York. Después de un periodo de un tiempo corto en la patria nativa de mis padres en Puerto Rico, nos mudamos en 1963 a Chicago.

Habíamos cambiado una comunidad muy pobre por una muy violenta en el área del parque Humboldt, no nos permitían salir afuera. Puede imaginar el caos de todos los niños jugando en un apartamento de dos habitaciones. Nuestro padre siempre estaba enojado cuando regresaba del trabajo. Como niños no comprendíamos el peso de la presión que él tenía tratando de alimentar y vestirnos. Él sacaba su ira y sus frustraciones en nosotros. Parecía como si él nos pegara cada día. Yo era su blanco favorito porque nunca podía mantener mi boca cerrada. Yo les decía cosas como, “Tú no eres bueno, eres un padre malo.” Se enfadó, me pegó, y me dijo que yo era un error, que no debía haber nacido. (Era prematuro cinco meses).

A rare photo of Nelson with his son, Nelson, Jr., who was murdered.

Nelson Vargas y su hijo, Nelson Vargas Jr. que fue matado

Doy las gracias al Señor que ahora yo sé mejor. El salmaste dice, Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho (Salmos 139:13-14). Dios nunca comete errores.

Mi padre también nos humillaba públicamente. Una vez él hizo que mi hermano mayor y yo nos pusiéramos de rodillas desnudos sobre arroz en una fiesta de la familia. Nunca nos decía que nos amaba ni nos dieron abrazos. No tenía una conexión física ni emocional con él. Habiendo dicho eso, quería mucho a mi padre y siempre buscaba su aprobación y algún tipo de afecto. Deseaba oír, “Te amo,” o “Bueno trabajo” pero las palabras nunca venían.

Con el tiempo, los demonios de mi padre se convertían en mis demonios. Siempre estaba enfadado, siempre frustrado con la vida, peleando en la escuela, bebiendo a una edad joven, y estaba drogado. Un día cuando tenía alrededor trece años estaba planchando mi ropa cuando mi padre empezó a pegarme. Esta vez lo golpeé con la plancha. Me echó de la casa. Como no tenía adonde ir, dormía en pasillos y coches abandonados hasta que mi madre me alquiló una cuarto encima de un bar a dos bloques de la casa. Cuando mi padre salía a su trabajo, iba a la casa, me duchaba, y comía. También mi madre me daba comida para llevar. Amo tanto a mi mamá.

Nelson Jr.

Cuando tenía dieciséis años, me había unido a una pandilla y mi novia estaba embarazada. Tuve diecisiete años cuando Nelson Jr. nació. Amaba a ese niño de la única manera que sabía. No quería ser como mi padre, y le decía a mi hijo, “Te amo” cerca de un mil millones de veces y lo besaba cada oportunidad que tenía – cuando estaba presente. Pero estaba dentro y fuera de la cárcel constantemente y en las calles. Eventualmente la madre de Nelson se cansó de mi estilo de vida y nos separamos. Poco tiempo después fui a la cárcel, condenado a siete años en el Centro Correccional de Stateville para violencia armada. Esa es otra historia.

Recuerdo el día que salí del Stateville como si fuera ayer. Mis siete años habían sido reducidos a cuatro por buen comportamiento. La madre de Nelson se había casado. No sabía dónde ellos se habían movido pero tenía personas buscándolo. Aprendí que él pasaba tiempo en un club centro comunitario de niños, así que me fui allí en seguida. Estaba de pie en frente del club cuando primero vi a mi hijo caminando hacia mí. Había crecido y se parecía a mí cuando tenía su edad. Era tan guapo con su cabello brillante, grueso y negro. Él trató de caminar alrededor de mí pero moví para bloquear su camino. Nunca olvidaré la mirada de su cara cuando alzó la vista y se cruzaron nuestras miradas. Le pregunté si me recordaba.

Él me estudió con sus grandes, negros y bellos ojos y dijo, “no.”

Dije, “¿Recuerdas a alguien que solía traerte juguetes todo el tiempo?”

Él grito, “¡Eres mi padre!” y saltó en mis brazos. Lo besé vez tras vez. Ojalá pudiera regresa en tiempo a ese preciso momento. Nelson, lo siento. Te extraño tanto.

A photo of Nelson during his turbulent teen years.

Nelson Vargas antes de venir al Señor

El tiempo no espera a nadie. Mi hijo se crio. Dejé la pandilla y empecé a vender drogas. Le dije a mi hijo que íbamos a controlar Chicago. Pensé que estaba haciendo lo correcto en proveer por él. Le ponía a cargo del lado este del Parque Humboldt. Mientras yo estaba a cargo del lado oeste. Me duele decir que tenía a mi hijo vendiendo drogas para mí.

Teníamos algunas casas de drogas, el dinero venía y todo estaba bien. O así pensaba. La Biblia dice, No se dejen engañar…pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará (Gálatas 6:7). Eventualmente empecé a usar mis propios productos y el infierno descendió sobre mí. Estaba usando tanta droga que me enfermé mucho. Mi corazón se había hinchado a tres veces el tamaño normal. Mi hígado estaba dañado por beber un quinto de Jack Daniels cada noche solo para dormir. Mis pulmones estaban arrasados por fumar por 25 años.

Pero Dios tuvo un plan para mí ( y él tiene uno para ti también). “Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes,” declara el SEÑOR “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).

La historia de Nelson tuvo un impacto importante para estos hombres quienes viven en lugares difíciles

El Espíritu Santo me tendió una trampa con mi novia Yvonne, una cristiana alejada del Señor quien ahora es mi esposa, y su madre. Yvonne me llevó a una iglesia donde un fuego de Dios vino sobre mí. En solo un instante su presencia santo me curó de todos mis pecados. Él curó mi corazón hinchado. Curó mi hígado. Curó mis pulmones. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17 NKJV).

Llamé a Nelson y le dije que había sido salvado y que Jesucristo estaba en mi corazón. Dije que Él me había curado y librado de cada enfermedad. (Salmo 103:3-5). Nelson me dijo que yo estaba pasando un mal viaje por todas las drogas que estaba tomando. Le dije que no, Jesús era real y que él también necesitaba venir a Jesús. En vez de eso, me miró y dijo, “Padre, llevaré a cabo del negocio hasta que vuelvas.”

Le dije que no volvería. Por primera vez vi que había sido un padre malo. Hablé con mi hijo acerca de Jesús cada oportunidad que tenía. Dije que si alguna cosa ocurría, la Biblia declara que, “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13, NKJV). ¡Quienquiera!

Dolor Inimaginable

Durante los tres meses siguientes nuestro pastor, Osvalco Mercado, me recogía cada mañana para orar. El me decía que íbamos a una reunión de oración pero cuando llegábamos a la iglesia nadie estaba allí excepto el pastor y yo. Ahora me doy cuenta que Dios me estaba preparando por lo que vendría.

These men have learned to pray for each other.

Estos hombres se han aprendido orar unos por otros

Una mañana el Pastor Mercado me recogió para orar alrededor de las cinco de la mañana como general. Pero cuando llegamos a la iglesia él dijo que se había olvidado las llaves. Tuvimos que regresar a su casa para recogerlas. No sabía que mi pastor actualmente vivía en medio de las pandillas con los cuales había peleado toda mi vida. Pensé que él se las arreglaba para que me mataran. (Recuerde, yo solo había sido salvo tres meses.) Ahora me río sobre esto pero en realidad pensé que iba a morir. Cuando llegamos a la casa del Pastor Mercado él estacionó el coche y me dijo que quedara allí, y que estaría de vuelta. Se puede imaginar lo que estaba pasando por mi mente. Cuando él salió, me metí hacia abajo en el asiento de coche lo mejor que pude, no sabía que esperar y luego, oí disparos. Dos.

Cuando el Pastor Mercado regresó, le dije sobre los disparos. Se metió en el coche y empezó a manejar, pero cuando giramos en la esquina vimos a un hombre joven tendido en el suelo, sangre saliendo de su boca. El Pastor Mercado paró el coche y salimos. Explicamos el plan de salvación al joven (el pastor habló en español y yo en inglés). Le pedimos a parpadeara sus ojos si había recibido a Jesucristo como su Salvador y lo hizo. Luego se murió.

Nelson and Yvonne, his wife.

Nelson Vargas y su esposa, Yvonne

La madre del joven corría adelante gritando, “¡Mi niño! ¡Mi hijo! He estado orando por él toda la noche.”

El Pastor Mercado le aseguró que cuando ella llegara al cielo, su hijo estaría esperándole porque él había recibido a Jesucristo como su Salvador personal. Ella empezó a alabar a Dios y en ese momento oí una voz que me dijo, “Soy fiel. Soy fiel.” Porque la palabra del Señor es recta, Y toda su obra es hecha con fidelidad (Salmo 33:4).

Una semana después Nelson fue a mi casa para pedirme si pudiera tener el equipo para pesar y cortar drogas. Me enojé. Le dije que saliera de mi casa si no pudiera respetar que ahora era un hombre de Dios. No iba a darle nada que tenía que ver con las drogas. Esas serían las últimas palabras que le dije a mi hijo.

Él se enojó y salió. No creo que él estaba enojado porque no le diera las cosas, creo que se enojó porque le grité. Solo le había gritado tres veces en toda su vida.

Esa noche tuvimos servicios en la iglesia. Mi esposa decidió a quedarse en casa. Estaba adorando al Señor cuando oí a la puerta abrir. Miré atrás y vi Yvonne caminando hacia mí, lagrimas por su rostro. Todo se movió en camera lenta cuando fui a ella. Labios temblorosos, ella susurró en mi oído que alguien había matado a Nelson.

Parecía como si mi corazón se había parado. Volví y miré a la cruz y me sentí que la vida salió de mí. Grité con todo lo que tenía dentro de mí, “¡Jesús!”

Era la noche más larga de nuestras vidas. Dios me bendijo con una esposa buena, que oraba sobre mi cada noche. El Pastor Mercado y el resto de la iglesia se quedaron con nosotros toda la noche orando sobre nosotros. Una de las promesas más grandes de la Biblia es, “No te dejaré ni te abandonaré” (Josué 1:5).

Estábamos abrumados por el número de personas que venían a presentar sus respetos en el funeral de Nelson – familia, amigos, incluso maestros de la escuela de noche que Nelson asistía. Su efusión de amor me dejó sorprendido. La muerte de mi hijo me enseñó acerca de la persona verdadera que Nelson era, la persona que nunca tomé el tiempo para llegar a conocer en realidad cuando estaba vivo.

Frente al asesino

Intentaba bloquear el asesino de Nelson de mi mente. Pensaba más en la vida de Nelson, como siempre estaba riendo, siempre bromeando, bien educado, y respetuoso. Si él no hubiera parecido tanto a mí, habría preguntado si era en realidad mi hijo porque éramos opuestos. Yo nunca me sonría.

Ni siquiera sabía el nombre del asesino hasta que alguien en la cárcel me llamó hace doce años y dijo que sabía dónde el asesino de mi hijo estaba y había ganado su confianza. Todo lo que tenía hacer era dar la palabra y el asesino, Carlos, estaría muerto. Dije no, él estaba en las manos de Dios. Empecé a orar por Carlos – que Dios a lo salvara y usara. En ese momento realmente perdoné a Carlos por matar a mi hijo. Romanos 12:17 nos dice, “Nunca paguen a nadie mal por mal.”

Veinte-dos años pasaron y yo hacía la obra de Dios. Luego el Señor puso en mi corazón visitar a mi amigo Ronnie. Había sido mi líder en las calles cuando estaba en la pandilla. Ahora estaba encerrado en la prisión, encarcelado por más tiempo que mi hijo había estado muerto. Acusado de matar una policía, Ronnie estaba sirviendo una sentencia de 200-400 años. (Doy gracias a Dios ahora que él esté salvado y sirviendo a Dios.) Le dije a Ronnie que tenía interés en a ir a la cárcel para ministrar. Me habló acerca del ministerio para los prisioneros se llama Casa de Koinonia, liderado por el Pastor Manny Mill. Conocí a Manny en su iglesia y expresé mi deseo de ministrar en la prisión. Me invitó a regresar la semana siguiente y dar mi testimonio, y así lo hice.

Algunas días después Pastor Nephtali Matta, el coordinador del ministerio Koinonia, llamó y pidió hablar conmigo en persona y por eso fijamos una reunión en su casa. Mientras estábamos comiendo la cena, Nephtali me preguntó cómo me sentía sobre el asesino de mi hijo. Le dije que lo había puesto en las manos de Dios. Le había perdonado y estaba orando que Dios lo usara y guardara.

Había un silencio mientras Nephtali consideró sus palabras siguientes. Finalmente dijo, “Creo que Dios ha oído sus oraciones porque Carlos se salvó hace unos diez años a través de nuestro ministerio.” Habiendo servido veinte años en la cárcel, Carlos había sido soltado el año anterior y fue un miembro activo de Koinonia.

Nephtali añadió, “A propósito, él estaba allí cuando compartiste tu testimonio. Él quería pedirle perdón pero se sentía demasiado avergonzado acercarte. Pidió reunirse con usted y su familia.”

Empecé a llorar. Es una cosa perdonar a alguien que piensas que nunca encontrarás. Es otra perdonar a una persona cara a cara que había matado a su hijo. Estaba experimentando una inundación de emociones cuando de repente sentí que la presencia del Espíritu Santo llenó la habitación. La primera cosa que oí al Espíritu Santo decir era, “No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 John 3:18).

Fijamos una reunión para la semana siguiente. Nephtali y yo estuvimos de acuerdo en oración que Dios sería glorificado en cada paso del proceso. Después que dije a mi familia de lo que se trataba la reunión con el Pastor Nephtali, lloramos y oramos juntos. Era una semana loca para todos nosotros pero mi corazón estaba decidido. Iba a confiar en Dios pase lo que pase.

El día de la reunión llegó finalmente. Parecía una eternidad caminar a la Iglesia de Biblia Medio Oeste en Chicago. El Pastor Marco David, un oficial de policía anterior, se encontró con nosotros en la entrada y nos llevó adentro del edificio. Su hermano, un oficial de policía, estaba allí también. Ellos querían asegurar que todos estábamos bien antes de conocer a Carlos. Después de hacerme algunas preguntas, nos llevaron a una oficina subiendo por unas escaleras y un pasillo.

Sentía como si tuviera mariposas en mi estómago. Creo que mi esposa sentía lo mismo porque ella apretaba mi mano. Cuando entramos en la oficina, esperaba ver un hombre áspero de aspecto cansado. En cambio vi a un hombre asustado, nervioso, humilde, y tembloroso de Dios. Cuando nuestras miradas se cruzaron, parecía como si el tiempo se hubiera detenido. Solo estábamos de pie mirándonos el uno al otro; era un momento divino. Mi esposa rompió el hielo al ir a Carlos y abrazarlo. Con lágrimas por su rostro y él dijo, “Perdóname. Por favor perdóname. Lo siento mucho.”

A través de sus propias lágrimas, Yvonne dijo, “Te perdono.”

Cuando Yvonne soltó a Carlos, mi hijo Joshua caminó hacia él y lo abrazó. Lloraron mientras Carlos le pidió perdón a Joshua.

Cuando oí a mi hijo decir, “Te perdono, ‘mano, te perdono,” empecé a llorar.

Luego Carlos estaba de pie mirándome, “¿Puedo recibir un abrazo?” él preguntó.

Nelson (center, in blue) ministers on forgiveness to a group of men.

Nelson (centro) ministra a un grupo de personas sobre el tema del perdón

Me sentía congelado, lágrimas por mi cara. Oí una voz pequeña que dijo, “Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones, también su Padre celestial les perdonará a ustedes” (Mateo 6:14-15).

Caminé a Carlos y lo abracé como si fuera mi hijo. Lloramos fuertemente. Me pidió que le perdonara, y dijo que lo lamentaba mucho. Pude mirarle en los ojos y le dije, “Te perdono.”

¿Qué tiene que ver con amor? ¡Todo! Porque Dios es Amor (1 Juan 4:7).

MSG-Vargas-author-webNelson Vargas es un pastor de Iglesia de Silohe Evangelical, una Iglesia de Biblia Abierta en Chicago, Illinois. Ha compartido su testimonio en muchas iglesias y otros lugares. Puede contactarlo a 773.671.2954.

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