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Por Loretta Young

Después de esperar cinco años para tener un bebé, mis padres se alegraron cuando nací en 1965. El amor que tenían el uno por el otro era verdaderamente hermoso. Mi abuelo era un ministro, y mi madre se crio en un hogar cristiano, amoroso, rico en valores bíblicos con trece hermanos.

Mi experiencia no fue tan feliz. Cuando todavía era una niña pequeña, mi mamá se fue a trabajar, dejándome al cuidado de mi tía abuela que vivía en nuestro vecindario. Sin el conocimiento de mis padres, mi tía abuela me golpeaba a menudo y me privó de comida. Yo era demasiado joven para poder decirle a mis padres lo que estaba sucediendo, y el abuso causó problemas importantes como la desconfianza, la inseguridad y el miedo.

No formé una buena relación con mi abuela porque ella y mi tía abuela parecían como gemelas. Ya que tenía miedo de mi tía abuela, no quería estar cerca de mi abuelita, y nadie, incluyéndome a mí, entendía exactamente por qué. Era confuso, incómodo, e dañino. En algún momento mis padres se enteraron del abuso. Mi mamá inmediatamente dejó de trabajar para quedarse en casa conmigo, pero nunca hablamos acerca del abuso.

Mis padres pensaron que yo estaba sobrellevando todo bien, así que no buscaron consejería ni tratamiento para mí. No entendían por qué cuando entraba en la casa era como si trajera una nube oscura conmigo. Yo estaba tratando de hacer frente a mis problemas sin ninguna ayuda externa. Más tarde, trabajé en el proceso de perdonar y una cosa se destacó: mi tía gritaba mucho. Hasta el día de hoy odio los gritos y cierre de puertas de un golpe. Ni siquiera me gustan las voces fuertes.

Young as baby with her father and brother.

Loretta como era bebé con su padre y su hermano..

Otro evento durante mis años de adolescencia también me afectó profundamente. Un día varios miembros de mi familia y yo estábamos afuera en nuestro vecindario. Podíamos oír a mi tía abuela y su marido discutiendo en su casa. Mi tío abuelo, a quien amaba porque siempre me protegía y me pasaba comida, subió a su moto, dio arranque, nos pasó volando, y luego chocó su moto en la pared lateral de una tienda en la calle. Todos corrimos a la escena. Recuerdo vívidamente ver su cuerpo sin vida en el suelo – sus sesos y su sangre salpicaban la pared.

Estaba desolada, pero no lo culpé. Yo sentía triste por él porque se había quedado atrapado, incapaz de liberarse. Vi este acto desesperado como “una salida” para mi tío abuelo, una persona que amaba, quería y respetaba. Y se convirtió en una opción para mí también. Varias veces consideré acabar con mi vida.

Hice todas las cosas que uno supuestamente debe hacer para quedar bien estable. Asistí a la iglesia fielmente con mis padres, destaqué en la escuela, participé en el coro y atletismo, e hice un montón de amigos. Mi sueño era graduarme de la Universidad del Pacífico y luego enseñar. Pero experimenté un nivel de dolor que no entendía y que me debilitaba. Mi manera de amoldarse fue ocultar mi lucha de todos los que me rodeaban.

A more recent photo of Loretta with her father and brother. Her mother (framed photo) is deceased.

La foto más reciente de Loretta con su padre y su hermano. Su madre (en la foto enmarcada) ya falleció.

Después de una serie de relaciones dolorosas, me casé a los veinte años, sin graduarme de la universidad. Me casé intencionalmente con un hombre que pensé que sería capaz de protegerme, pero en cambio se demostró ser extremadamente violento. Asistimos fielmente a la iglesia. No creíamos en el divorcio, y si cuestionaba como me trataba, se apresuró a citar Marcos 10:9: “Por lo tanto, lo que Dios ha unido, que nadie se separe.” Me escondí detrás de una máscara, trabajé, crie a mis hijitos y sequía tomando cursos universitarios cuando podía. En1995 terminé en el hospital psiquiátrico por un intento de suicidio y un colapso nervioso. Mis hijos y mi creencia en Dios eran las únicas fuentes que me mantenían de pie y cuerdo después de recuperarme.

El abuso se hizo tan malo que en 2003 mis hijos y yo nos vimos obligados a huir de nuestra casa con sólo un poco de ropa y mi coche. Desafortunadamente, mi madre había sido diagnosticada con leucemia, así que mi padre no pudo ayudarnos (nuestra familia ahora incluía un hijo adoptivo). Sin hogar, tuvimos la bendición de quedar con un amigo de mi hijo mayor. Dormí en una cama individual y mis hijos dormían en el suelo por un tiempo, pero estábamos a salvo y hasta el día de hoy estoy muy agradecida.

Logré criar a mis hijos hasta que se graduaran de la escuela preparatoria. Mi hijo mayor recibió una beca completa de cinco años de baloncesto universitario, y mi hijo menor se graduó de la universidad comunitaria y entró en la marina. Mi hijo adoptivo fue a la universidad también.

Yo estaba tan orgullosa de ellos mientras trabajaban duro para alcanzar sus metas a pesar de nuestra situación, pero todavía me sentía culpable, avergonzada, insegura, y temerosa. Todavía estaba rota. Aunque conocía al Señor, no había tratado con mi dolor porque me habían enseñado que no podrías ser herido y salvado; tienes que ser uno o el otro. Pensé que mi inseguridad era el resultado de no haber terminado la universidad, no mi abuso. Sin embargo, cuando al final gané mi título universitario en 2013, sufrí mi peor abuso. A medida que el abuso se intensificaba, también mi dolor. La graduación de la universidad no quitó mi inseguridad. El matrimonio no me hacía sentir ni segura, ni protegida, ni amada.

Loretta with her grandson

Loretta y su nieto

Nunca hubiera imaginado que terminaría casándome con una persona que era aún más abusiva que mi ex esposo, pero lo hice. En general, presenté al menos quince informes policiales, pero terminaría quedándome con él y retractando los denuncios de abuso.

Aunque el abuso físico fue malo, el abuso emocional era incapacitante. Mi marido quitaba fotos de la pared o escondía mis joyas o reloj de pulsera si estaba enojado conmigo – cosas que me harían pensar que estaba loca. Escondió uno de mis zapatos. Yo estaba arreglándome para el trabajo, buscando mi zapato por todas partes, pensando que me estaba volviendo loca. El me decía que estaba loca. Lo creía.

El 23 de septiembre, 2015, aguanté una noche de abuso que terminó con mi esposo dándome un cabezazo en mi cara porque yo había usado la plancha en su estudio sin permiso. Estaba aterrorizada. La sangre estaba por todas partes. Cuando finalmente se durmió, lo dejé para siempre.

Al principio me alojé en hoteles, demasiado avergonzada para contar a nadie lo que me estaba sucediendo otra vez. Iba al trabajo y a la iglesia, pero no lo conté a nadie excepto a mi pastor. Finalmente me tragué la vergüenza y orgullo y confesé mi situación a mi hermano del alma, que amablemente me dio alojamiento hasta que pude conseguir un lugar propio.

Unos meses después, el Señor me bendijo con una hermosa casa. Sin embargo, aunque finalmente estaba libre de abusos, quedé paralizada por el miedo. Me encontré viviendo en una casa de tres dormitorios con un dormitorio principal increíble en el cual no podía dormir. En vez de eso, dormí en una cama individual en la habitación más pequeña de la casa, para poder sentirme segura. Todo tenía que estar en su lugar y yo tenía que poder ver a todas mis cosas.

Durante el proceso de divorcio me sentí como una perdedora. Dolió cuando la jueza leyó su declaración:

Loretta presenta los síntomas clásicos de un cónyuge maltratado. Ella llama a la policía cuando está amenazada o agredida con todas las intenciones de hacer un informe, pero una vez que llega la policía y la situación se estabilice, ella retracta su declaración. Ella exhibe la baja autoestima común de mujeres maltratadas, refiriéndose a sí misma como “estúpida”. Esto no es raro cuando se le llama “******estúpida” como en el caso aquí. Sentirse culpable por enviar al abusador a la cárcel o a la prisión es también un signo clásico de síndrome de mujeres maltratadas. Sus descripciones del abuso son detalladas y específicas. Su testimonio de que su esposo le empujó hacia abajo en la cama mientras él tenía un sándwich de mantequilla de maní y mermelada en su mano que metió en su boca para callarse, desafía la fabricación. El testimonio es reforzado por el hecho de que un vecino la oyó gritar y llamó al Departamento del sheriff. No es la primera vez que un testigo independiente tiene que llamar a la policía. También es de notar que durante una comparecencia ante el Comisionado en el Departamento 13, el acusado dijo a la Comisaria que Loretta era una mujer que “le gustaba ser golpeado”. La corte ha concluido que Loretta fue víctima de abuso en esta relación. Se ha escapado del ciclo de violencia presente en la casa.

Loretta, her father, brother, and two sons attend her youngest son’s high school graduation.

Loretta, su padre, su hermano y sus hijos asistiendo a la graduación de la escuela secundaria del hijo menor

Por primera vez en mi vida supe que Dios me vio. Me di cuenta de que necesitaba ayuda, así que busqué asesoría mental y espiritual. Participé en un estudio bíblico de un año que se centró en el amor y la sanidad de Dios. El estudio abrió mi mente para encontrar de mi propósito, y Dios comenzó un proceso sanador asombroso. Mi graduación del programa cambió mi visión de la vida.

Mientras leía Juan 13, el Señor puso una carga en mi corazón para amar a los que son imposibles de amar, y me ayudó a hacer eso con mi ex-marido. En vez de ser la persona que siempre estaba herida, traté de ministrarle. De hecho, la última vez que lo vi, le testifiqué.

El Señor me permitió pasar página. Pude preguntarle a mi ex-marido por qué me dio un cabezazo la última noche que estuvimos juntos. Él pidió mi perdón y explicó que estaba enojado con la vida, estaba en el proceso de perder el trabajo, y estaba luchando en la universidad. Él mismo tenía un montón de dolor emocional. Su nieto había sido asesinado por su hijo menor y perdió un sobrino trágicamente. Cuando fui a tomar su plancha sin preguntarle, sintió que le faltaba el respeto como hombre – que no le estaba apoyando emocionalmente. Agregó que quería que yo lo salvara de sí mismo.

Le dije, “Era como si estuvieras en arenas movedizas. Yo estaba tratando de sacarte, pero tu estabas tratando de meterme”. Sólo Dios nos puede salvar, no el hombre. 

A través de la gracia de Dios fui capaz de perdonarlo. En ese momento sentí la mayor libertad.

Quería ayudar a otras sentir esta libertad y descubrí que tenía una pasión por ayudar a otras mujeres doloridas. En 2015 compartí mi idea para una conferencia de mujeres con mis pastores. Me aconsejaron que esperara el tiempo de Dios, y en junio de 2018 celebramos nuestra primera Conferencia de perlas, encajes, y la gracia de Dios. Decoramos la habitación como si fuera para una despedida de soltera y compramos regalos especiales para las mujeres. Quería que cada mujer se sintiera hermosa ese día.

Hablé con ellas desde el lugar mi propia experiencia de quebrantamiento y confianza en el Espíritu Santo. Fue un tiempo significativo porque era la primera vez que había contado mi testimonio. Ahora estoy en el proceso de escribir un libro, Perlas, Encajes, y la Gracia de Dios.

La vida cristiana no es sin problemas. José de la Biblia fue acusado de violación y fue condenado; Job sufrió dolor y pérdida; Jesús sufrió y murió en la Cruz. Las cosas malas van a suceder, pero también, sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28).

Quiero que el Señor esté complacido con mi vida. Como cristianos tenemos el mandato de amar a los imposibles de amar, amar a las mujeres y a los hombres que no se aman a sí mismos. Mi propósito es enseñar a tanta gente lastimada como Dios permita que, aunque no te amas a ti mismo, Dios siempre te amará. Es su voluntad que el ciclo de quebrantamiento y abuso sea eliminado de nuestras vidas para que podamos caminar en su libertad y su propósito para nuestras vidas.

Dios tiene un propósito para ti. No es ser abusada. Una vez que empieces a clamar a Dios, Él te oirá. Él ha estado allí todo el tiempo.

Cover-screenshotLoretta Young es una profesional de recursos humanos y es miembro del equipo de adoración en el tabernáculo de fe de Stockton de la Biblia Abierta en Stockton, California. También enseña a las mujeres en la acción de Inner City, una organización basada en fe en Stockton.

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